Más de 6.000 adictos reciben tratamiento en el centro Cetras

On 17 octubre, 2013 by admin
M. G. P.(Diario “El Día de Valladolid”
Los psiquiatras analizan este fin de semana los riesgos de las adicciones con las familias. El 66% de los enfermos en proceso de rehabilitación son ludópatas y alcohólicos

LUDO 8U7YGAB S.jpgUn 20% de la población padece algún tipo de adicción. Al Centro de Rehabilitación y Tratamiento de Adicciones Sociales Cetras han acudido en busca de ayuda terapéutica más de 6.000 vallisoletanos. La rehabilitación se constata al año de abandonar definitivamente la adicción, aunque el esfuerzo por no recaer puede seguir al paciente el resto de su vida. Los psiquiatras que abordan su tratamiento celebran este fin de semana en la Facultad de Medicina las jornadas dedicadas a los pacientes y sus familiares. En esta ocasión, la XVI edición, analizarán el factor de riesgo que conduce a la adicción. Contarán con testimonios de pacientes que han superado cualquiera de las adicciones que se tratan en Cetras por donde han pasado 2.000 ludópatas, 2.000 alcohólicos, 1.000 adictos a las nuevas tecnologías como el móvil, inernet y otros 1.000 en un amplio grupo que muestra adicción al tabaco, a la alimentación y a las fobias.

«La adicción a las nuevas tecnologías es la que más crece», explica Blas Bombín, psiquiatra que dirige el centro. Aunque el amplio espectro de adicciones conlleva que se preparen nuevos grupos específicos como dependencias a las fobias. «También atendemos un grupo de mujeres que aman “demasiado” porque convierten a su pareja en un instrumento del que dependen».

estimaciones. Cetras aborda la patología de 800 pacientes con trastornos de la alimentación. La bulimia y la anorexia se convierten en enfermedades con base dependiente que tras asumir unos hábitos, comer en exceso o la provocación de vómitos, se lima el carácter y la salud del enfermo. En las jornadas una niña de 10 años hablará de su lucha contra la anorexia cuando tenía 9. «Hoy he aprendido qué riesgos se pueden tener si no comes bien y vomito después de cada comida. Estos riesgos perjudican a todo mi organismo», relatará.

Para Blas Bombín existe una correlación muy estrecha entre el proteccionismo desmesurado materno y la adicción. «Cuando el paciente deja de contar con ese proteccionismo busca un auxiliador que le ayuden a eludir sus propias responsabilidad y encuentra en las dependencias el sustituto. Bien sea comprar, comer, internet o el móvil». Para abondar, es necesario querer. «Encontrar la motivación y ayuda».

La máquina tragaperras ha sido para Javier Villa su única compañera, su ama, el sentido de su vida y su peor pesadilla durante los últimos 25 años. Con apenas 16 años se entregó a la suerte de la moneda después de recibir el primer premio de 2.500 pesetas y dejó de ser él, de ser hijo y de ser esposo para convertirse en lobo solitario capaz de maltratar y robar para conseguir el dinero suficiente de la próxima partida. Llegó a gastarse 40.000 euros en dos meses para calmar el ansia del juego. Hoy, con 41 años de edad, cree haber vuelto a nacer hace seis meses, cuando dejó de pensar en tragaperras en el momento en que su ludopatía le hizo tocar fondo: destruyó dos familias moral y económicamente.

El 20 de mayo, justo un año después del fallecimiento de su madre a causa de un cáncer, pasó página con ayuda del grupo de Cetras. «Me empujó cómo le iba quitando la vida a mi madre porque siempre estaba ahí, conmigo, y cuando murió me hizo prometerla que continuaría acudiendo al centro de rehabilitación», recuerda. Ella acudía al grupo sola mientras que él se negaba a admitir la enfermedad durante 10 años.

Su testimonio es el de los 2.000 ludópatas que acuden al centro de rehabilitación y que afecta al 2% de la población, según las estimaciones de los psiquiatras. Un hombre egoísta capaz de «engañar a una muchacha por la que no sentía cariño para que se casase conmigo, ofreciéndola el oro y el moro, con el único fin de conseguir el trabajo de una finca de recreo donde necesitaban un matrimonio», relata. Pero su historia se llena de confesiones de malos tratos y robos para conseguir dinero fácil para apaciguar la llamada del tragaperras. «Me asusto a mí mismo por las cosas que ahora recuerdo y que he llegado a hacer», lamenta.

Las máquinas estaban por encima de todo. De sus padres, a quienes quitaba el dinero a la fuerza; de su trabajo, donde acudía un día sí y dos no ; de su esposa, con quien se casó por conseguir un sueldo fácil para jugar y de sí mismo, que descontroló sus actos durante 25 años. Hoy, seis meses después, dice ser otra persona.

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